Como en ‘La maldita primavera’

Estábamos en plena euforia con motivo del fin del mundo. El Twitter vivía la efervescencia del conteo regresivo: la gente enumeraba lo que le faltaba por hacer y yo pensaba en Luis Fernando: El cataclismo para mí fue verlo, tanto que él leyó fácil, de entrada, la ‘cara de cariño’ que le puse cuando nos vimos.

Sus mensajes, en respuesta a mis correos llenos de admiración contenida, tenían entre líneas sutiles trancas. Los suyos fueron elegantes agradecimientos que culminaban en imprecisos votos de reencuentro: “Hasta la próxima…” o “cuando el destino…” Al primero quise responderle: “Sí, pero, ¿habrá próxima? (De por Dios, díme que sí y añade fecha, hora y lugar). Al segundo quise contestarle: “Ya que se lo dejas al destino, que es lo mismo que nunca, aprovecho que hay Juicio Final para decirte que contigo me pasó como en La maldita primavera, que para enamorarme bastó una hora. Quédate con esto, mientras que yo tacho esta declaración en la lista de cosas por hacer antes de la hecatombe. Postdata: fresco, que puedo enamorarme en una hora, pero nada sobrevive a un mes sin alimento. Además, tampoco hay tiempo”.

Al final, ni se acabó la raza humana (cosa que ya presentía) ni le envié tal disparate. ¡Qué tal yo, por ahí aterrorizando a Luis Fernando! Al fin y al cabo la vida nos reunió solo una hora y para hablar de trabajo. Pero, hoy, con el mundo todavía andando, en vísperas de olvidarlo, quisiera decirle: “Oye, fue breve, pero en verdad te hiciste amar”.

Lilang en el mundo III lilangmartinBreves relatos, algunos publicados en versión corta en ADN. Otros que se me ocurren y algunas frases que marcan los días.

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